Cometa: Un viaje.

Alrededor del sol, de hielo y polvo, de madera y papel, sostenido hacia la tierra por un hilo

Cometa: Un Carnaval

Ayer fui al Carnaval de la Cultura, con mi hermano. Dimos una vuelta y luego nos encontramos con sus amigos. Los conoció jugando al fútbol, son casi todos latinos. Algunos ya los había visto en su cumple, otros eran nuevos para mí. Algunos, al escuchar que yo era hermano de mi hermano me decían que era una época hermosa para visitar Berlín, o me preguntaban qué tal el vuelo. A algunos corregí, diciendo que yo también vivía acá. A otros no. Otra vez, como en el cumple de mi hermano, una chica se fijó en mí.

Cuando mi hermano se tuvo que ir porque llegaba su horario de entrar a trabajar, yo también me fui. O hice que me iba. Fui hasta la estación y aproveché que él iba en un tren sentido contrario al mío y que se subió primero, y cuando llegó mi tren no me subí. Salí de la estación y volví a la Plaza dónde estaba el Carnaval, pero me acerqué a otro escenario, No más llegar di media vuelta y me volví a ir, ya no más ese paseo me había llevado unos 40 minutos y me di cuenta que estaba cansado. Que estaba en mis pensamientos y que ya no estaba allí. Había llovido, la gente estaba húmeda. borracha y ruidosa. Claro, Carnaval. Yo estaba seco porque llevé paraguas, sobrio y silencioso. Silencioso por fuera, mis pensamientos estaban haciendo muchísimo ruido.

Volví a la estación y faltaban 12 minutos para que llegara el tren y el andén ya estaba lleno de gente. El tren en sentido contrario, que había tomado mi hermano una hora antes, venía en 2 minutos. No lo dudé y me subí a ése para bajarme en la estación siguiente. Cuando entramos a la estación ya estaba ahí el otro tren, el que iba para el lado a dónde yo tenía que ir. Fue bajar de uno, cruzar el andén y subir al otro. Al minuto se puso en marcha y salió, pero no salió para dónde yo esperaba si no que salió hacia el mismo sentido en el que yo había llegado a ésa estación.

37 segundos de pánico interno para tranquilizarme diciéndome que no tenía otra cosa que hacer, que no me venía mal perderme un rato. Me fijé en mi teléfono y si seguía en ese tren 6 estaciones luego me tomaba el Ring, que es el tren que le da vuelta a toda la ciudad. Hice eso, pero para cuando tuve que hacer el trasbordo vi que todavía estaba de día. Y no crucé de tren, salí de la estación.

Había una plazoleta en la que nunca había estado. Llena de gente. Yo no entendía, como si estábamos tan lejos del Carnaval qué hacía ésa gente allí. El Carnaval de la cultura es uno de esos eventos infaltables en tu estancia en Berlín. Pero a esa gente se ve que no le importaba.

Me senté en un banquito e inmediatamente me mojé el pantalón. Comí una manzana que había llevado y me puse los auriculares, como hago siempre, sin reproducir nada para poder escuchar alrededor. Chusmear. Me fastidió no haber tenido algún libro para leer, estuve a punto de ponerlo en la mochila antes de salir de casa. Pero supuse que no lo necesitaría en un carnaval, que no podía ser tan outsider de ponerme a leer.

Me habré quedado media hora, porque ya me entraba el frío, vi como el cielo pasó de mostrar la claridad del día a mostrar los naranjas del sol escondiéndose. Estuve en silencio, por fuera, pero también por dentro. Mis pensamientos, durante ésa media hora, estuvieron en silencio.

Deja un comentario